Renovarse o morir

Terminando una comida y realizando sobremesa y tertulia apareció, cómo no, el recurrente tema renovarse-o-morirde las flores. La mesa que estábamos ocupando lucía un clásico centro con base y adornado con media docena de rosas rojas y verdes. Un diseño típico, clásico aunque no le faltaba ese toque de belleza especial de las cosas que nunca pierden su encanto y su distinción y que quizá radica en eso, en la sencillez en estado puro.

No recuerdo muy bien pero creo que ese pudo ser el punto de arranque de nuestra amena y entretenida conversación, siempre llevada a nuestro terreno de juego, el que nos apasiona, el mundo de las flores y las plantas.

La dirección de nuestros palabras se fueron encajonando hasta llegar a una pequeña avenida que desemboca en un callejón sin salida, el callejón en el que pelean dos conceptos muy presentes en nuestra vida y en nuestro trabajo, que aparecen de forma periódica y espontánea como una lucha de egos, la lucha entre lo clásico y lo moderno.

Ramos clásicos en la que el protagonismo total y absoluto descansa y se apoya en las flores, en su frescura, en su calidad, en el brillo de sus pétalos prescindiendo de artificios y adornos superficiales.

La segunda parte es la que apuesta más por la modernidad, por el diseño, por lo actual, esos ramos y esos productos de  autor, con un marcado acento en la presentación. El protagonismo se lo reparten tanto el fondo como la forma. Cobra un especial protagonismo el maestro florista, con su gusto estética.

Dos puntos de vista para ofrecer un producto único, las flores volcándose en la belleza natural o cediendo un peso importante al arte, el talento y la creatividad. Una conversación sin fin y sin salida del callejón.